Ver a un ladrón enseñarle a su hija a repeler un asalto.
sábado, 4 de junio de 2011
Fatuo
"En mi antigua polis, una mujer amó a un Dios. No sabía que era una Dios, claro, pero cuando se dio cuenta, le pidió que se mostrara como era realmente ¡Pobre inocente! No fue capaz de contemplar la revelación divina y murió en el acto.
Otra mujer fue amada por un Dios; dicen que se le ocurrió pedir como regalo el don de la inmortalidad. De eso, mucho tiempo. Tanto, que hay quienes comentan haberla visto ebria en la plaza, rogando morir."
La vieja sonrió. "Sí, ciertamente el amor de un Dios no es fácil. Pero, ¿sabes? La primera mujer, antes de morir, dio luz a un semi-dios, Hércules, uno de los más grandes héroes. La otra mujer dio origen a una de las más importantes órdenes de sacerdotisas oraculares, que tanto bien nos brindan al interpretar la voluntad divina."
María negó con su cabeza y retiró su mano de la mano de la vieja.
"No creo en los Dioses." Y mientras buscaba unas monedas de cobre y se las extendía a la vieja, continuó. "Y si existieran, estoy segura que no se acercarían a Mágdalo; huirían."
La vieja sonrió al mirar las monedas, y las guardó en su bolsa.
"Bien puede ser. Pero creo que ni las Moiras saben de la tela que entretejemos con el hilo de nuestras vidas."
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