viernes, 31 de diciembre de 2010

La torta de la Guinda (3)

Victoria soltó la guinda, y ésta comenzó a caer. Valeria no alcanzó a moverse, cuando se dio cuenta que todo estaba ocurriendo a un ritmo más lento, como si el tiempo se estuviese estirando. "¿Lina?" se preguntó.
Miró a la guinda. ésta seguía su trayectoria hacia el suelo, pero cada vez más lento, hasta que su velocidad se hizo imperceptible y pareció flotar en el aire.
Valeria aguantó la respiración, y observó como aparecían proyecciones de la guinda. Eran como fantasmas de la guinda que iban apareciendo en distintos puntos de la trayectoria de la caída que seguiría la guinda. Divisó un fantasma de la guinda que ya había caído al suelo, y entonces vió dos fantasmas: uno de la guinda en el suelo, media descompuesta y con señales de haber sido picoteada por algunas aves; el otro fantasma era de la guinda en la tierra, pero con claras señales de estar germinando.
Valeria se extrañó, "¿una guinda tiene libre albedrío?" se preguntó. Pero no alcanzó a responderse. Del fantasma de la guinda germinado, apareció otro fantasma, de un pequeño guindo enano, y luego, el fantasma de un árbol ya crecido. Y por supuesto, el fantasma del árbol con flores, y luego con guindas ya maduras.
"Estoy enloqueciendo" pensó Valeria. Podía ver la guinda real en su casi detenida caída, y al mismo tiempo, ya podía ver los fantasmas de otras guindas que crecerían del árbol que de su semilla crecería, y cómo estas guindas caían y daban paso a nuevos árboles o se quedaban a ser parte del suelo de este planeta.
Y entonces, sonrió. Miró la guinda y observó que era una guinda normal, pero dentro suyo ya era -al mismo tiempo- ese árbol frondoso. Estos "fantasmas" que veía eran el sueño de la guinda, pero de un modo inexplicable, ya eran realidad en la guinda.
"Corrección: ya enloquecí" pensó Valeria. Miró la guinda aún en su proceso de caída. Se preguntó si la guinda pensaría o si sentiría como un ser humano. Sospechó que no, que no pensaría ni sentiría como un ser humano, pero que podría tener su propia forma de vivenciar su realidad, un sentir como guinda.
No pudo seguir su hilo de pensamientos, pues en ese momento, aparecieron proyecciones, "fantasmas" de la guinda, pero ahora de su pasado. Con la ceja enarcada, Valeria vio el fantasma de la guinda siendo sostenida por un fantasma de la mano de Victoria, y luego (o más bien, antes) el fantasma de la guinda en el árbol antes de que Valeria la sacara.
A continuación, aparecieron multitudes de fantasmas, como si hubiesen sido ignorados y por fin pudieran sentirse escuchados. Vio el fantasma del árbol de la guinda, cuando era sólo un brote nacido de otra guinda que había caído a la tierra. Y vio esa guinda cuando aún era flor en otro árbol. Y también este otro árbol ser guinda en la tierra. Vio, en resumen, un enorme grupo de árboles y guindas, hasta un momento en que ya no eran guindas ni guindos enanos, sino otro tipo de plantas antecesoras de los guindos.
"¿Hasta dónde llega esto?", se preguntó. En un momento dejó de ver plantas, y comenzó a ver otros organismos, hasta que sólo pudo ver células unicelulares. Tragó saliva y observó al pequeño grupo de células, y vio los fantasmas de moléculas que interactuaban mediante reacciones químicas entre sí, y se desdibujo su realidad en un montón de calor y temblores cuando comenzó a ver los procesos químicos que habían dado paso a estas moléculas... incluso le pareció vislumbrar como un azote de fuego y energía que se acercaba a enorme velocidad desde un punto lejano y que se había ido enfriando para formar la galaxia y el planeta.
Valeria sintió que estaba temblando. Y miro de nuevo la guinda frente suyo, que no terminaba de caer.
La vio, tan simple, sólo una guinda. Y al mismo tiempo, dentro de ella estaba el árbol frondoso que podría ser -y que de algún modo, Valeria sentía que ya era-, y su origen de descender de otras guindas y árboles, hasta... vaya a saber hasta donde. Y -también de un modo extraño- esto era parte del ser de la guinda, y daba cuenta de lo que era la guinda ahora.
Y asombrada notó que la guinda seguía cayendo, lentamente. Y que simplemente era una guinda que caía, y eso era más que su ascendencia y su posible futuro y descendencia.
Se rió, casi al borde sus capacidades mentales. La guinda que podía ser y la guinda que había sido se actualizaban en la guinda que caía. Así como en ella misma, veía su niñez y su adultez presentes en quien era, y en su adn reconocía sus potencialidades y sus orígenes, que eran los mismos de la guinda.
Pero al final, sólo importaba la guinda que caía, normal, simple y sencilla... y la adolescente que miraba la guinda caer, normal y simple.

El tiempo paulatinamente se fue contrayendo, y la guinda fue retomando su velocidad normal, hasta caer en la tierra.
Y Valeria notó como Lina, Daniela y Victoria la miraban con ojos impacientes.
- "Siguen siendo raras" -exclamó Valeria. Y se tomó la cabeza con las manos.

Lina, Daniela y Victoria se rieron alegremente, sin ningún respeto al dolor de cabeza de Valeria.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La torta de la Guinda (2)

- Tal vez podrías elegir algo que sea lo más normal posible- señaló Daniela a Valeria. Lina y Victoria la miraron sorprendidas. - Digo, a veces es más fácil si uno puede poner un ejemplo.

Valeria miró en torno suyo. Iba a tomar una piedra que estaba junto a su pie, cuando recordó haber oído alguna vez a su hermana hablar de propiedades de energía de las piedras. "Maldición", pensó.
Entonces, cerca suyo, vio una suerte de guindo enano, con varias guindas. Valeria sacó una de las guindas, y la mostró.
- Esto es normal. Sólo es una guinda y nada más.
- ¿Puedo verla? -preguntó Victoria con desgano.

Valeria sospechó que en alguna parte había una trampa, pero no sabía cuál podía ser. Así que decidió lanzar la la guinda a Victoria. Ella la atrapó en el aire.
- Sí, es una guinda normal -dijo Victoria sosteniéndola entre sus dedos.
Y en ese mismo momento, la percepción de Valeria comenzó a cambiar.
Pestañeó y vio la guinda con una fuerza en sus colores que nunca había visto, mientras escuchaba como en sueños la voz de Victoria "sí, una guinda normal como cualquier otra".
Volvió a pestañear, y fue consciente de las características de cada capa que tenía la guinda: el ollejo o piel, cada fibra de la pulpa, la corteza de la semilla... tragó saliva y sintió los olores, sabores y texturas de la guinda, como si todos sus sentidos pudieran saborear la guinda con una intensidad desconocida hasta ese momento.
Y entonces, se fijó en las moléculas de olor que la guinda emitía, alguna de las cuales llegaban a su nariz. Se sorprendió de ver de algún modo esas moléculas. Y vio como toda la guinda estaba compuesta de moléculas, de distintos elementos relacionados armónicamente entre sí, y átomos. Percibió la guinda compuesta de átomos. Y más aún, fue consciente de cada partícula subatómica presente en la guinda, en cada molécula, en cada capa...todos elementos en movimiento. Movimiento.
Observó como los límites de la guinda se difuminaban hasta casi desaparecer a nivel subatómico. Como a cierto nivel, la guinda compartía microelementos con el ambiente. Era como si la guinda fuese una con el ambiente, y el ambiente estuviese en la guinda. Todo tenía límites difusos a cierto nivel, todo se relacionaba armónicamente y en movimiento. Incluso ella, alejada de la guinda, se relacionaba con ella. Compartía información con la guinda, y la guinda con ella.

Empezó a dolerle la cabeza, pero ya no podía evitar percibir por todas partes como todo brillaba, se movía, se interrelacionaba, como todo -a cierto nivel- era la misma cosa, y al mismo tiempo, cada cual seguía siendo lo que era, sin más pretensión. La guinda... seguía siendo la misma guinda que había sacado y lanzado a Victoria, pero al mismo tiempo, veía como se componía, como se relacionaba con el espacio donde se encontraba, la veía con su intensidad de colores y texturas, como si viera por primera vez una guinda. Y esto ocurría con todo. Todo era movimiento, y era Uno a la vez, y al mismo tiempo, era Cada Uno separado, diferenciado.

Se sonrío sola. Podía percibirse igual a la Guinda, percibir la guinda en ella, la guinda presente en cada cosa, y cada cosa presente en la guinda. Sonaba muy loco, pero era lo que en ese momento percibía. Sintió, incluso, que si lo deseaba podía conversar y organizar micropartículas con las que formar los distintos átomos y moléculas con las que crear nuevas guindas o lo que quisiera...porque nada estaba realmente separado, todo era posible. Pero también se sintió feliz, porque percibía la armonía existente; en realidad, todo estaba bien. No hacía falta nada, y si faltaba, se crearía por sí solo.

Empezó a temblar. Sintió que todo temblaba, y entonces descubrió que no era un temblor, sino que estaba percibiendo no sólo el movimiento entre todo, sino que cada cosa tenía su propio movimiento... de algún modo, el último eslabón que podía ser capaz de percibir de la constitución de la materia, era vibración. En últimos términos, todo era vibración, energía, y en base a esta energía, a la relación entre las diferentes vibraciones era que se generaba y mantenía la materia... si la vibración fuese un sonido, estaba frente a una música espectacular. Es más, ella misma era una melodía de esta enorme sinfonía, melodía compuesta de diferentes acordes y notas.

Volvió a mirar la guinda. Victoria la seguía sosteniendo entre sus dedos y mencionando la "normalidad" de la guinda. Sólo era una guinda normal, como todas las personas y seres vivos o inertes eran normales. Sólo era una guinda, nada más, ni nada menos.
Valeria sonrió ampliamente al pensar esto último. Y entonces, Victoria entreabrió sus dedos y dejó caer la guinda.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La torta de la Guinda (1)

(Extracto de una historia mucho más grande, que tal vez escriba un día)
(Para contextualizar, todo esto transcurre en el sueño de Valeria, una adolescente que sueña que realiza un largo viaje junto a su hermana -Lina- y otras personas que provienen de distintos lugares).

- Entonces, ¿qué es todo esto? ¿tienes poderes especiales? - preguntó secamente Valeria. Lina miraba hacia el suelo.
- ¿Desde cuándo?- Lina no respondió. Daba la impresión de llevar años callando esto. De algún modo, parecía sentirse culpable.
- Y tú también Victoria, ¿o no?
- ¿También qué cosa? - preguntó irónica Victoria. Tenía rabia de la actitud de Valeria, y no era su hermana menor para sentirse culpable por haberla metido en este enredo. Ya estaba bueno que Valeria dejara de ser una niña malcriada.
- ¡Poderes! aquí todos son extraños, no traten de negarlo. Aquí soy la única normal.
- ¿Normal? -repitió Victoria. Lina y Daniela se sonrieron.
- ¿De qué se ríen? - Valeria detestaba esta situación.
- Lo que pasa es que "normal", así como tú lo dices, no existe -explicó Lina sonriendo nerviosa. Valeria odiaba su condescendencia. - Mira, "normal" como norma estadística, como lo que hace la mayoría... ok, si existe.
- Pero normal como algo aburrido, simple, sin sorpresas ni cambio, eso no existe.- concluyó Victoria.
- Son raras.
- ¿Si? ¿y qué no sería raro? ¿Tú? Vamos! Te preguntas todos los días porque tienes que hacer las mismas cosas, y piensas de qué manera idiota puedes rebelarte: llegando tarde al colegio, usando piercing, tiñéndote el pelo...
- Es normal. Soy adolescente.-interrumpió Valeria a Victoria.
- Oh! es cierto! "Adoleces"! -respondió Victoria sarcásticamente - No sé si eres ingenua o caradura.
- Victo, basta. Es mi hermana -intervinó con voz gruesa Lina.
- Pues no siento lástima por ella. - contestó Victoria.
Vale estaba muy enojada. ¿Qué se creían ellas? ¿Acaso que era débil y por eso Lina la defendía? y Victoria con sus estupideces...
- Así que te crees normal. Muy bien, entonces dime: ¿qué es normal?

Los Señores de la Llanura

(Cuento escrito a partir de una pintura)

Bajo el sol de verano, en una tierra relativamente seca, se encontraba un grupo de toros.
Corrían por la llanura, todos juntos, sudando bajo el sol y sintiendo la fuerza de sus músculos. Su líder los guiaba en la dirección más rápida para llegar a un vado, donde un río de aguas frescas podría calmar su sed. Les gustaba correr, sentir el aire en sus cabezas, el ruido de las pezuñas contra el suelo. Ser conscientes de que ningún obstáculo podría pararlos, que eran los Señores de la Llanura.
Entonces, ocurrió.
Corriendo en pos de su objetivo, se encontraron con lo único que podía frenar su avance: otra manada. Los toros, sin dejar de correr, sintieron la fuerza de un desafío, el instinto de defender su señorío de la llanura, la alerta de encontrarse con un rival de la misma fuerza.
¿Frenar? Por ningún motivo. Luchar manada contra manada, sería un juego de perder/perder, ya que tendrían que posponer su ida al río. ¿Lucha de líderes?
Instintivamente, el grupo apresuró el paso, y esperó la reacción del líder de la manada. El líder siguió corriendo junto a la manada. La otra manada siguió corriendo. Se cruzaron un instante, se olieron, sintieron el calor que cada miembro de las dos manadas exudaba. Y siguieron corriendo, cada manada en su dirección. Todos los toros eran los Señores de la Llanura, y nada podía detenerlos.

Hace un tiempo atrás, me encontré a un viejo conocido. Era un erudito, que había dedicado años de su vida a la teología, al estudio del hombre, y a comprender las leyes del Universo. Y esa tarde, llena de curiosidad, le pregunté:
- "Y tú, ahora, ¿en qué crees?"
- "¿Yo? yo no creo en nada"- respondió sonriendo. Y sus ojos estaban llenos de fé.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Rina (2)

Rina se detuvo en seco.
Detrás suyo escuchaba los perros que la perseguían.
Más atrás, el ruido de las batallas.
Y adelante... adelante, no había escapatoria.
Adelante sólo había un enorme precipicio de caída infinita. La otra orilla estaba muy lejana para siquiera imaginar algún modo de cruzar y alcanzarla.
- ¡Corre! - escuchó gritar a su amiga.
Entonces, vio el puente. Era muy viejo y precario. Le recordó las películas de Indiana Jones. El puente crujía solo. Las maderas lucían claramente sueltas, y las cuerdas de los costados parecían que se iban a romper y soltar en cualquier momento.
- ¿Qué esperas? - dijo cansada su amiga, tras llegar corriendo. Calló de golpe al ver el puente. El puente no inspiraba ninguna confianza. Imaginar cruzarlo era aterrador.
En eso, una bebé comenzó a llorar junto a uno de los postes del puente. Rina no recordaba haberla visto antes, pero estaba muy preocupada para preguntarse como llegó ahí. Hacía mucho calor, el ruido de los perros y de la batalla eran cada vez más cercanos, y el llanto de la bebé no ayudaba.
Su amiga la sacudió. - ¡Vamos! - le dijo. Y rápidamente tomó a la bebé en brazos, para luego tomar la mano de Rina, y la sujetó con fuerza. ¡¡¡Corre!! -gritó, al tiempo que corría en dirección al puente.
Rina no tuvo más opción que correr; no podía zafar su mano de la mano de su amiga. Y cuando comenzaron a a travesar el puente, tuvo más miedo de tropezar y caer.
Escuchó el crujir de las maderas; juraba sentir que más de una se había soltado mientras pasaban corriendo. Tenía la angustiante certeza que al siguiente paso tropezaría y caería, junto con su amiga. Y seguía corriendo. Y la bebé seguía llorando.
Quiso cerrar los ojos, pero un fuerte tirón en la mano se lo impidió.
- ¡Mira! -ordenó bruscamente su amiga. Siguió corriendo. ¿Cómo rayos supo que quería cerrar los ojos? De cualquier modo decidió seguir, con los ojos abiertos, aunque supiera que caería. Seguir corriendo.
Vio como aparecía la otra orilla, lentamente. Como aparecía acercarse el fin del puente, que seguía crujiendo y botando maderas. Siguió corriendo, con más fuerzas, hasta que sus pies volvieron a tocar tierra. Entonces, su amiga soltó su mano y rieron.
- Llegamos! -dijo Rina. - Por fin. ... ¿Y la bebé?-preguntó alarmada al ver a su amiga sin la bebé en brazos. Su amiga sonrío.
- No era realmente una bebé. Eran mis miedos.- dijo su amiga. Rina la miró sin entender lo que decía.
- ¿Sabes? tuve mucho miedo a caer. El puente era horrible. Tuve que tomar mis miedos y cargarlos en brazos para lograrlo.- Sonrió triunfante.- Bueno, debemos seguir. Aún no estas a salvo.

Rina (1)

Rina caminaba por un desierto. Era una tierra árida, dura, llena de polvo y vapores que se elevaban a un cálido cielo celeste.
De pronto, a lo lejos, divisó a una persona entre dos cargas. Al tiempo que empujaba una carga con sus manos, arrastraba otra carga enorme amarrada a sus espaldas.
Rina se acercó y reconoció a una antigua amiga de infancia. Parecía distinta. Su amiga, en cuanto la vio, dejó sus esfuerzos para saludarla.
- ¡Rina! ¡Tanto tiempo! ¿Qué haces aquí?
Rina se detuvo. No sabía que hacía ahí. Hacía calor, mucho calor.
- Humm, tú no puedes estar aquí. Vamos! Te acompañaré a la salida.
Rina miró extrañada a su amiga.
- Pero ¿y tus cargas?-preguntó.
Y vio asombrada que esos gigantescos pesos ya no estaban apoyados en la tierra ni amarrados a su amiga. Parecían congelados, detenidos a un metro de altura del piso.
- Están bien- dijo su amiga; en la boca tenía un claro gesto de disgusto- Los ignoraré por un rato. No me gusta suspenderlos así porque después bajan con todo su peso multiplicado al 10...pero es lo que puedo hacer por ahora. -Suspiró. - Vamos. Te acompañaré, pero tienes que salir de acá.

Pegada

Saliendo de una charla existencial-trascendental, pisé un chicle fresco. Al pisarlo, el chicle se estiró, ensuciando mis zapatos, calcetas y pantalón, y molestándome al caminar.
Me pregunto si tendrá algún sentido.

La Caída (La Torre)

¿Has tratado de detenerte en la mitad de una caída? Es difícil. Es más fácil despertar y sentir que después de todo solo era un sueño. Pero cuando no lo es, o mientras no despiertas, el suelo temido se acerca a una velocidad increíble, y temes por ti mismo. Te desesperas, te frustras ante lo inevitable. Rasguñas el aire por aferrarte a algo, con energía o rabia. Te puedes clavar las uñas por aferrarte a ti mismo. Lo curioso, es que el suelo rara vez llega. Sólo estás tú y la caída. El vértigo.
Si llegas al suelo, el choque es violento. Te partes y sangras. Pero si sigues vivo, agradeces no seguir cayendo.
A veces pienso que la caída comienza cuando no puedes sostener algo. Los brazos, tensos, ya no resisten más. El peso te hunde. Te esfuerzas al máximo y aprietas los dientes. Pero lo sabes. No puedes más. Y entonces, caes. Caes tenso, luchando por sostener, y luego por aferrarte. Luchando.
Puede suceder que, pasado el tiempo, ya has caído tanto, tantas veces, que caes con desgano. Caes, sólo caes. Parece no importar, rendido. Pero el terror sigue intacto.
Hay quienes dicen que si te dejas caer, sin luchar, renunciando al aferrarte, caes más deprisa y llegas antes al suelo, tal vez más incólume. No lo sé.
Hay quienes dicen que hay que seguir sosteniendo en la caída. Que si manoteas y gritas por ayuda, puedes dar con una rama o algún brazo amigo. Poca gente sabe que hay caídas que pueden romper ramas gruesas; o que el brazo amigo sólo puede ayudar por un momento, no durante toda la caída. Siempre está el temor que si logras aferrarte, lo que te sostiene se quiebre y ya no haya forma de sostener el peso propio. Igual manoteamos.
Lo más curioso de todo, es que mientras caemos, muchas veces es cuando más vivos nos sentimos. Y mientras caigo, puedo recuperar y sentir la esperanza.


La esperanza es lo último que se pierde. Si hemos perdido todo, puede ser lo primero que encontremos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El Gran Momento

El discípulo entrenó, día y noche.
Se preparaba para su gran momento.
Y cuando ya estaba casi listo, comprendió.
Ya estaba en su gran momento.
Cada momento es un gran momento.
Cada uno elige como vivirlo.
Después de prepararse toda una vida, el maestro sonrío.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Sueño 1

Una joven soñó con un hada. Al verla, quedó impactada.
- ¿Cómo es posible que existas? -le dijo.
- ¿Qué me dirías si te digo que todo tiene derecho a ser? -respondió el hada.
-¡Eso es imposible!
El hada sonrío.
- Eso también tiene derecho a ser.
Y despertó.

Saludos

Este blog es un blog de historias. Historias propias, historias ajenas, historias de todos. Historias que parecen sueños, pero que tal vez tengan algo de realidad. Quien sabe. Como dijeron por ahi, la vida es sueño y los sueños sueños son.