- ¿Qué? ¿Ya ni siquiera saludas? - le increpé.
Su rostro cambió mientras hablaba y ahora lucía enojado.
- Es verdad, ni siquiera puedes responder a eso. ¡Sólo te quedas ahí, censurándome en silencio! ¡Me voy! - exclamé. Y salí de la pieza, y después de la casa. Quería evitar ver cómo me ridiculizaba imitando mis gestos.
Pasó la mañana, comenzó a pasar la tarde. Empecé a pensar que tal vez fui un poco brusca.
Regresé a la casa, dejé mis cosas y fui al baño. Ahí estaba, algo más cansada y con un gesto triste.
- Lo siento -le dije.- Lamento haberte tratado así.
Le sonreí y ella (que también había tratado de explicarse con gestos) me sonrío también.
- Bueno, me tengo que ir- señalé, mientras ella me hacía señas de tener cosas que hacer.
Nos despedimos al mismo tiempo, y salí del baño.
"Tal vez sea muda", pensé para mis adentros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario