De pronto, a lo lejos, divisó a una persona entre dos cargas. Al tiempo que empujaba una carga con sus manos, arrastraba otra carga enorme amarrada a sus espaldas.
Rina se acercó y reconoció a una antigua amiga de infancia. Parecía distinta. Su amiga, en cuanto la vio, dejó sus esfuerzos para saludarla.
- ¡Rina! ¡Tanto tiempo! ¿Qué haces aquí?
Rina se detuvo. No sabía que hacía ahí. Hacía calor, mucho calor.
- Humm, tú no puedes estar aquí. Vamos! Te acompañaré a la salida.
Rina miró extrañada a su amiga.
- Pero ¿y tus cargas?-preguntó.
Y vio asombrada que esos gigantescos pesos ya no estaban apoyados en la tierra ni amarrados a su amiga. Parecían congelados, detenidos a un metro de altura del piso.
- Están bien- dijo su amiga; en la boca tenía un claro gesto de disgusto- Los ignoraré por un rato. No me gusta suspenderlos así porque después bajan con todo su peso multiplicado al 10...pero es lo que puedo hacer por ahora. -Suspiró. - Vamos. Te acompañaré, pero tienes que salir de acá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario