lunes, 6 de diciembre de 2010

Los Señores de la Llanura

(Cuento escrito a partir de una pintura)

Bajo el sol de verano, en una tierra relativamente seca, se encontraba un grupo de toros.
Corrían por la llanura, todos juntos, sudando bajo el sol y sintiendo la fuerza de sus músculos. Su líder los guiaba en la dirección más rápida para llegar a un vado, donde un río de aguas frescas podría calmar su sed. Les gustaba correr, sentir el aire en sus cabezas, el ruido de las pezuñas contra el suelo. Ser conscientes de que ningún obstáculo podría pararlos, que eran los Señores de la Llanura.
Entonces, ocurrió.
Corriendo en pos de su objetivo, se encontraron con lo único que podía frenar su avance: otra manada. Los toros, sin dejar de correr, sintieron la fuerza de un desafío, el instinto de defender su señorío de la llanura, la alerta de encontrarse con un rival de la misma fuerza.
¿Frenar? Por ningún motivo. Luchar manada contra manada, sería un juego de perder/perder, ya que tendrían que posponer su ida al río. ¿Lucha de líderes?
Instintivamente, el grupo apresuró el paso, y esperó la reacción del líder de la manada. El líder siguió corriendo junto a la manada. La otra manada siguió corriendo. Se cruzaron un instante, se olieron, sintieron el calor que cada miembro de las dos manadas exudaba. Y siguieron corriendo, cada manada en su dirección. Todos los toros eran los Señores de la Llanura, y nada podía detenerlos.

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