Detrás suyo escuchaba los perros que la perseguían.
Más atrás, el ruido de las batallas.
Y adelante... adelante, no había escapatoria.
Adelante sólo había un enorme precipicio de caída infinita. La otra orilla estaba muy lejana para siquiera imaginar algún modo de cruzar y alcanzarla.
- ¡Corre! - escuchó gritar a su amiga.
Entonces, vio el puente. Era muy viejo y precario. Le recordó las películas de Indiana Jones. El puente crujía solo. Las maderas lucían claramente sueltas, y las cuerdas de los costados parecían que se iban a romper y soltar en cualquier momento.
- ¿Qué esperas? - dijo cansada su amiga, tras llegar corriendo. Calló de golpe al ver el puente. El puente no inspiraba ninguna confianza. Imaginar cruzarlo era aterrador.
En eso, una bebé comenzó a llorar junto a uno de los postes del puente. Rina no recordaba haberla visto antes, pero estaba muy preocupada para preguntarse como llegó ahí. Hacía mucho calor, el ruido de los perros y de la batalla eran cada vez más cercanos, y el llanto de la bebé no ayudaba.
Su amiga la sacudió. - ¡Vamos! - le dijo. Y rápidamente tomó a la bebé en brazos, para luego tomar la mano de Rina, y la sujetó con fuerza. ¡¡¡Corre!! -gritó, al tiempo que corría en dirección al puente.
Rina no tuvo más opción que correr; no podía zafar su mano de la mano de su amiga. Y cuando comenzaron a a travesar el puente, tuvo más miedo de tropezar y caer.
Escuchó el crujir de las maderas; juraba sentir que más de una se había soltado mientras pasaban corriendo. Tenía la angustiante certeza que al siguiente paso tropezaría y caería, junto con su amiga. Y seguía corriendo. Y la bebé seguía llorando.
Quiso cerrar los ojos, pero un fuerte tirón en la mano se lo impidió.
- ¡Mira! -ordenó bruscamente su amiga. Siguió corriendo. ¿Cómo rayos supo que quería cerrar los ojos? De cualquier modo decidió seguir, con los ojos abiertos, aunque supiera que caería. Seguir corriendo.
Vio como aparecía la otra orilla, lentamente. Como aparecía acercarse el fin del puente, que seguía crujiendo y botando maderas. Siguió corriendo, con más fuerzas, hasta que sus pies volvieron a tocar tierra. Entonces, su amiga soltó su mano y rieron.
- Llegamos! -dijo Rina. - Por fin. ... ¿Y la bebé?-preguntó alarmada al ver a su amiga sin la bebé en brazos. Su amiga sonrío.
- No era realmente una bebé. Eran mis miedos.- dijo su amiga. Rina la miró sin entender lo que decía.
- ¿Sabes? tuve mucho miedo a caer. El puente era horrible. Tuve que tomar mis miedos y cargarlos en brazos para lograrlo.- Sonrió triunfante.- Bueno, debemos seguir. Aún no estas a salvo.
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