Miró a la guinda. ésta seguía su trayectoria hacia el suelo, pero cada vez más lento, hasta que su velocidad se hizo imperceptible y pareció flotar en el aire.
Valeria aguantó la respiración, y observó como aparecían proyecciones de la guinda. Eran como fantasmas de la guinda que iban apareciendo en distintos puntos de la trayectoria de la caída que seguiría la guinda. Divisó un fantasma de la guinda que ya había caído al suelo, y entonces vió dos fantasmas: uno de la guinda en el suelo, media descompuesta y con señales de haber sido picoteada por algunas aves; el otro fantasma era de la guinda en la tierra, pero con claras señales de estar germinando.
Valeria se extrañó, "¿una guinda tiene libre albedrío?" se preguntó. Pero no alcanzó a responderse. Del fantasma de la guinda germinado, apareció otro fantasma, de un pequeño guindo enano, y luego, el fantasma de un árbol ya crecido. Y por supuesto, el fantasma del árbol con flores, y luego con guindas ya maduras.
"Estoy enloqueciendo" pensó Valeria. Podía ver la guinda real en su casi detenida caída, y al mismo tiempo, ya podía ver los fantasmas de otras guindas que crecerían del árbol que de su semilla crecería, y cómo estas guindas caían y daban paso a nuevos árboles o se quedaban a ser parte del suelo de este planeta.
Y entonces, sonrió. Miró la guinda y observó que era una guinda normal, pero dentro suyo ya era -al mismo tiempo- ese árbol frondoso. Estos "fantasmas" que veía eran el sueño de la guinda, pero de un modo inexplicable, ya eran realidad en la guinda.
"Corrección: ya enloquecí" pensó Valeria. Miró la guinda aún en su proceso de caída. Se preguntó si la guinda pensaría o si sentiría como un ser humano. Sospechó que no, que no pensaría ni sentiría como un ser humano, pero que podría tener su propia forma de vivenciar su realidad, un sentir como guinda.
No pudo seguir su hilo de pensamientos, pues en ese momento, aparecieron proyecciones, "fantasmas" de la guinda, pero ahora de su pasado. Con la ceja enarcada, Valeria vio el fantasma de la guinda siendo sostenida por un fantasma de la mano de Victoria, y luego (o más bien, antes) el fantasma de la guinda en el árbol antes de que Valeria la sacara.
A continuación, aparecieron multitudes de fantasmas, como si hubiesen sido ignorados y por fin pudieran sentirse escuchados. Vio el fantasma del árbol de la guinda, cuando era sólo un brote nacido de otra guinda que había caído a la tierra. Y vio esa guinda cuando aún era flor en otro árbol. Y también este otro árbol ser guinda en la tierra. Vio, en resumen, un enorme grupo de árboles y guindas, hasta un momento en que ya no eran guindas ni guindos enanos, sino otro tipo de plantas antecesoras de los guindos.
"¿Hasta dónde llega esto?", se preguntó. En un momento dejó de ver plantas, y comenzó a ver otros organismos, hasta que sólo pudo ver células unicelulares. Tragó saliva y observó al pequeño grupo de células, y vio los fantasmas de moléculas que interactuaban mediante reacciones químicas entre sí, y se desdibujo su realidad en un montón de calor y temblores cuando comenzó a ver los procesos químicos que habían dado paso a estas moléculas... incluso le pareció vislumbrar como un azote de fuego y energía que se acercaba a enorme velocidad desde un punto lejano y que se había ido enfriando para formar la galaxia y el planeta.
Valeria sintió que estaba temblando. Y miro de nuevo la guinda frente suyo, que no terminaba de caer.
La vio, tan simple, sólo una guinda. Y al mismo tiempo, dentro de ella estaba el árbol frondoso que podría ser -y que de algún modo, Valeria sentía que ya era-, y su origen de descender de otras guindas y árboles, hasta... vaya a saber hasta donde. Y -también de un modo extraño- esto era parte del ser de la guinda, y daba cuenta de lo que era la guinda ahora.
Y asombrada notó que la guinda seguía cayendo, lentamente. Y que simplemente era una guinda que caía, y eso era más que su ascendencia y su posible futuro y descendencia.
Se rió, casi al borde sus capacidades mentales. La guinda que podía ser y la guinda que había sido se actualizaban en la guinda que caía. Así como en ella misma, veía su niñez y su adultez presentes en quien era, y en su adn reconocía sus potencialidades y sus orígenes, que eran los mismos de la guinda.
Pero al final, sólo importaba la guinda que caía, normal, simple y sencilla... y la adolescente que miraba la guinda caer, normal y simple.
El tiempo paulatinamente se fue contrayendo, y la guinda fue retomando su velocidad normal, hasta caer en la tierra.
Y Valeria notó como Lina, Daniela y Victoria la miraban con ojos impacientes.
- "Siguen siendo raras" -exclamó Valeria. Y se tomó la cabeza con las manos.
Lina, Daniela y Victoria se rieron alegremente, sin ningún respeto al dolor de cabeza de Valeria.
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