Hace un tiempo atrás, me encontré a un viejo conocido. Era un erudito, que había dedicado años de su vida a la teología, al estudio del hombre, y a comprender las leyes del Universo. Y esa tarde, llena de curiosidad, le pregunté:
- "Y tú, ahora, ¿en qué crees?"
- "¿Yo? yo no creo en nada"- respondió sonriendo. Y sus ojos estaban llenos de fé.
Me gustan. Me gustan tus cuentos; tienen imágenes muy potentes.
ResponderEliminarMi único conflicto es el uso de "el hombre" como sinónimo de la humanidad. Esta palabrita ha invisibilizado a las mujeres durante siglos, no es casual y mucho menos natural (el lenguaje es parte de la cultura y la cultura es justamente lo que modifica las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza). Pero sí entiendo que la tenemos tan integrada que su uso sí carece de androcentrismo conciente. Más allá de ese detallín, tienes una pluma estupenda, prima.